Los aeropuertos representan el escenario propicio en donde la gente demuestra sus sentimientos. Un beso, un abrazo o algunas lágrimas derramadas son manifestaciones comunes de un alegre reencuentro o la tristeza de una despedida. No podemos negar que por lo menos una vez hemos mostrado nuestro lado más sensible en un lugar como éste, ya sea en nuestro papel de viajero, cuando vamos a despedir o a recoger a un pariente o amigo.
Días atrás llegó un familiar de Perú y fui al aeropuerto de Narita a darle el encuentro. La espera en la puerta de salida de los pasajeros sumada al retraso de algunos minutos del arribo del vuelo, me permitió observar con detalle el comportamiento de los japoneses en situaciones como las que describo arriba.
Mientras aguardaba la salida de mi familiar, observé a mi costado a un japonés que al igual que yo estaba a la espera de alguien. No pasaron muchos minutos cuando vi que una mujer salía con su equipaje y el tipo de al lado comenzó a caminar en dirección a ella para darle el encuentro. Cuando ambos estuvieron lo suficientemente cerca sus rostros no sufrieron variaciones, no esbozaron sonrisa alguna, solamente intercambiaron algunas palabras que no pude escuchar, el tipo agarró el equipaje de la mujer y se marcharon. Y como siempre, el hombre por delante de la mujer.
Y esta escena se repitió con dos parejas más. En ninguno de los casos vi una manifestación de cariño o alegría, es decir la muestra de sentimientos a la que estamos acostumbrados, o que en todo caso, la que estaríamos dispuestos a brindar. El abrazo o un simple apretón de manos fueron señales ausentes. Y de besos, ni hablar. Solamente algunos diálogos y chau, a la casa. Nada de contacto físico. Qué extraño resulta ver todo ello.
Y cuando hablo de expresión de sentimientos de cariño no me refiero a los enamorados que caminan agarrados de la mano porque ese es un detalle natural en la etapa de las relaciones, porque con el paso de los años estoy completamente seguro que aquellos actuarán de la misma forma como lo hicieron las parejas del aeropuerto. Lo que ocurre es que simplemente “expresar afecto” parece no figurar en el manual de comportamiento de los japoneses.
Sin embargo, a pocos metros de aquellos viajeros la escena era totalmente diferente con unos americanos que se abrazaban o que al conversar mostraban sus emociones al encontrar a la persona que habían ido a buscar. Eran dos situaciones contrastadas por las costumbres y a las que nosotros los latinos nos identificamos más con la última.
Y si en un aeropuerto actúan de esa forma, no puede esperarse que las cosas sean diferentes en casa. Una señora extranjera casada más de veinte años con un japonés me contaba que sus hijos y su marido no recuerdan la fecha de su cumpleaños y tampoco la saludan por el Día de la Madre. Este comentario lo hizo precisamente cuando la felicité por su día y le pregunté si la familia haría algo en especial en aquella oportunidad. Cuando me dijo que no y me pasó a explicar las razones pude comprobar cierto grado de tristeza en sus ojos.
Por más que vivamos bastante tiempo en Japón y comprendamos cada vez más cómo son los japoneses, no deja de llamar la atención esa “frialdad” que llamamos nosotros manifestadas en situaciones como éstas. En el caso de las tres parejas parecía como si la última vez que se vieron hubiese sido esa misma mañana, por ejemplo, y que sus reencuentros no fuesen detalles especiales sino que forman parte de la vida cotidiana. Y sobre el cumpleaños de mi madre o de algún familiar cercano, ni yo mismo me perdonaría si es que llego a olvidarlo.
¿Cómo se sentirían ustedes si se reencuentran con su pareja o algún familiar y éstos se muestran así, o que su esposo(a) o hijos se olviden de su fecha de cumpleaños?
Si su pareja es japonés(a) quizás ya esté acostumbrado(a) o resignado(a), pero no podría negar que siempre esperaría por lo menos una abierta manifestación de cariño. Con ello no quiero decir que los japoneses actúen mal, simplemente una vez más llego a la conclusión que son muy diferentes a nosotros. A veces pienso que ellos tampoco entienden por qué le damos tanto significado a un reencuentro o a una fecha que para nosotros es especial, cuando para los japoneses es un día cualquiera.
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